Pedradas de Rock (DIARI DE TARRAGONA, 14/06/2008)

estadio placentino | martes, junio 17, 2008 | 0 comentarios


Mucho adolescente antisistema y de cerveza en abundancia y algún rockero granado, infiltrado en el fervor de las primeras filas o rezagado a la altura de la mesa de mezclas. Cuestión de generaciones. Todos formaban esa "gente" a la que Robe Iniesta, líder y cantante, se refirió constantemente. "Bona nit a tothom", dijo el extremeño después de aparecer entre cortinas y comenzar el show con Deltoya, un peso pesado de su palmarés. El respetable, ansioso de fiesta, luces y ruido, estalló.

Extremoduro fue alternando las banderas de sus discos, como Sol de invierno, La vereda de la puerta de atrás o Buscando una luna, con algún tema menos ‘single’, aunque habituales en sus directos, tal que De acero o Amor castúo. Lejos quedan las giras de presentación de un disco, en las que se tocaba todo el álbum y algún tema insigne añadido.

‘Extremo’, banda longeva y emblemática, supo cómo dar al público lo que quería. Aunque no tardaron en testar la reacción de la 'muchachada' con algo menos de la mitad del nuevo disco. Dulce introducción al caos, el aperitivo de ocho minutos colgado en su web, es Extremoduro en vena, amargura y rabia marca de la casa, sosiego creciente hasta romper en la maraña de guitarras tan habitual.

El público cantó los inéditos versos del Robe, que se atrevió con otro "trocito" del nuevo disco para acabar. "Cuando nos lo sepamos entero, lo tocaremos más", dijo. Luego fue el turno de la primera parte del Pedrá, el disco-canción de media hora. Tocaron diez minutos antes del incomprensible parón de un cuarto de hora que realiza Extremoduro para reponer fuerzas.

Y el Robe volvió alegre, se marcó incluso un baile de salsa en los primeros compases de Papel secante, durante un piano de querencia latina. También improvisó una extraña jota para las extremeñas previa a JD La central nuclear. La artillería pesada se hizo esperar. No podían faltar So payaso, quizás su canción más popular o la emocionante historia romántico-nostálgica de Standby.

Todo, en una ejecución impecable de una banda bien acoplada, que se conoce desde hace muchos años, en un recital de guión previsible pero al que resulta difícil no rendirse ante el buen hacer musical. Iñaki 'Uoho' Antón, mano derecha de Robe y padrino de numerosas bandas noveles del rock urbano español, se ‘emborrachó’ de solos virtuosos y artificiosos. Soberbio y grande, como siempre.

El grupo le lavó la cara a Jesucristo García. Robe se inventó un sorprendente y efectivo solo de guitarra que hacía irreconocible la canción hasta recuperar la normalidad con el estribillo: "¿Cuánto más necesito para ser Dios?". Pues poco, a juzgar por lo visto. Para los bises, quedaron tres joyas. La canalla Salir ("no he perdido el tiempo: lo he gastado en salir, beber, el rollo de siempre") y el canto hippie de Ama, ama, ama y ensancha el alma, literatura de muchos quilates para luchar contra el orden establecido.

Roberto Iniesta dejó su eterna guitarra y jaleó al público mientras cantaba los primeros versos de Autorretrato. Se despidió y la banda siguió rugiendo en un apoteósico final. Delirio instrumental a cargo de un Iñaki crecido con su guitarra, rayando la locura en un mano a mano con Cantera, el batería. Mientras Robe ya descansaba, el público acabó de saborear los últimos acordes estruendosos y desordenados. Extremoduro, con más de lo mismo, volvió a cumplir con creces y demostró por qué estos cuarentones de pelo largo son tan grandes.

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